No te rindas

No te rindas

Contribuido por
Barb Linek

Recuerdo el caluroso día de verano que fui a mi mamografía anual. Me conmovió una mujer joven que vi en la sala de espera, acurrucada bajo una manta, temblando de miedo por su próxima prueba. Me dije a mí misma, un poco arrogante, “Gracias a Dios no tengo miedo como ella porque no estoy preocupada por esto. Nadie en mi familia ha tenido cáncer, así que estaré bien”. Veinte minutos más tarde, me llevaron de la sala de mamografías a la oficina de la enfermera para hablar sobre los próximos pasos porque vieron algo inusual durante mi prueba. ¡Tanto por ser engreída! Me sorprendió que me diagnosticaran cáncer de mama porque no tenemos antecedentes familiares, pero rápidamente aprendí que otras cosas podrían desencadenarla. No me di cuenta en ese momento, pero ahora sé que este fue el primer día de un viaje de por vida.

Por supuesto, la cirugía fue el siguiente paso. Mi cirujano era un hombre sabio. Me dijo que llevara a mi familia y amigos a mi segunda cita con él porque quería responder a todas sus preguntas antes de operar, no después. Esto me ayudó a crear el hábito de invitar a alguien a todas las citas y tratamientos. De esa manera nunca me sentí sola, lo cual era importante para mantener el ánimo en alto. A lo largo de este proceso, aprendí que los pensamientos positivos son esenciales para la curación. Para esa cita importante antes de la cirugía, invité a mis dos hijos y a una amiga, quien es una enfermera retirada, y sabía todas las preguntas correctas que hacer. Mis hijos son ambos adultos y tienen sus personalidades distintas. Mi hijo no tenía experiencia expresando su preocupación por mi salud y eligió el humor como su herramienta. Una conversación memorable comenzó:
“¿Así que vas a morir conmigo, mamá?

Mi hija, por otro lado, es médico, entrenada para mantener siempre una distancia clínica. Enfocó sus preguntas en mi plan de tratamiento, no expresando sus preocupaciones o temores por mi salud hasta meses después.

La cirugía transcurrió sin problemas, seguida de quimioterapias. Borré mi calendario, generalmente lleno, y esperé a sentir náuseas o algo así. Nunca sucedió. Algunos días estaba cansada y salí temprano del trabajo para tomar una siesta. Después de sentarme en casa por las noches y los fines de semana durante el primer mes, decidí reanudar mis actividades normales después del trabajo. Tomaba una siesta cuando era necesario, pero la mayoría de los días me sentía bien. Me sorprendió y el oncólogo se mostró satisfecho. Atribuyó mi energía a mi fuerte fe y actitud positiva. También que los dulces amigos que me acompañaron a esos tratamientos de quimioterapia de cuatro o cinco horas de duración, fueron claves. Los elegí cuidadosamente por los pensamientos positivos que me pudieran ayudar ¡y su capacidad para mantener una conversación larga!

Después de mi último tratamiento de quimioterapia, hice un viaje de fin de semana para visitar a unos amigos en St. Louis. ¡Esto fue un gran error! No permitir que mi cuerpo se recuperara después de ese último golpe, me hizo desarrollar hinchazón en las piernas. Esto me hizo difícil caminar y me deprimí mucho. Mis compañeros de trabajo estaban preocupados y decidieron organizar una fiesta sorpresa para mí. Noté los preparativos, pero asumí que la lujosa fiesta era para alguien que estaba dejando la organización. ¡Podrías haberme golpeado con una pluma cuando dijeron que era todo para mí! Me conmovió tanto su amabilidad y ánimo. Tomó varias semanas de tratamiento intensivo para bajar la hinchazón y, hasta el día de hoy, necesito tener cuidado.

La radiación fue el tercer paso en el proceso. El tratamiento de radiación tomó unos minutos al día, cinco días a la semana durante un mes. La doctora K. fue tan cálida y amable como mi cirujano y oncólogo. Ella era una gran oyente. La empujé a terminar el tratamiento antes de que naciera mi nuevo nieto. De esa manera podría ir a Florida para visitar a mi hija y al nuevo bebé, tan pronto como salieran del hospital.

Mi último tratamiento de radiación fue en una fría mañana de primavera. La doctora K. me hizo llorar cuando me felicitó por mi graduación y me puso una cinta de lunares azul marino y blanco en mi chaqueta de mezclilla. Ella me recordó que volviera para mi próxima mamografía en seis meses. Todavía llevo esa cinta de lunares en mi chaqueta como recordatorio de este largo viaje. Estoy agradecida por mi familia y por todas las personas hermosas que hicieron del cáncer de mama una experiencia positiva de crecimiento y me alentaron a nunca rendirme.

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¿De qué está hecho un Buen Amigo?

¿De qué está hecho un Buen Amigo?

por
Analiese Fernández

En días cuando tenemos el ánimo por los suelos o en aquellos en que nos sentimos en la cima de la montaña, tendemos a apoyarnos en nuestras amistades. Una de las áreas de mi vida en la cual continuamente me esfuerzo en invertir es el de las amistades. Como milenial, a medida que pasa el tiempo, me doy cuenta de que las amistades duraderas son más difíciles de establecer. Cuando tienes una, te das cuenta de que es un tesoro valioso y haces lo que esté a tu alcance para cuidarla. ¿Están de acuerdo?

Siempre he tratado de mantener pequeño e íntimo mi círculo de amistades. No deseo tener un mundo de gente al que pueda llamar amigos, sino dos o tres personas con una manera de ver la vida similar a la mía y que quieran compartir y navegar esta jornada llamada vida conmigo. Recientemente me mudé a Arizona desde la Florida junto a mi esposo. Recién casados, dejamos atrás nuestras vidas y todo lo que conocíamos para iniciar un nuevo capítulo al otro lado del país. Yo dejé mi trabajo, ambos dejamos a nuestras familias, nuestros hogares, y la seguridad y área de confort. También dejamos atrás valiosas amistades.  Aquellos que han pasado la prueba del tiempo y que han caminado junto a nosotros durante algunas temporadas claves de nuestras vidas. Mi esposo y yo somos muy bendecidos de tener amistades tan bellas que extrañar.  Sabemos que nuestros amigos en casa siempre tendrán un lugar preciado en nuestros corazones; pero, mi esposo y yo sabemos que también es importante conectar con la comunidad. Dicho esto, estando en una nueva ciudad como mileniales, nos cuestionamos por dónde empezar. Se siente como iniciar de nuevo. ¿Qué es exactamente lo que compone a un buen amigo?

Cuando me hago esa pregunta, inmediatamente pienso en Sara, mi amiga más cercana, quien ha estado ahí para mí en los años más recientes de adultez. Nos apoyamos mutuamente en temporadas de soltería; asegurándonos de no desanimarnos. Fuimos la voz de la conciencia la una de la otra cuando el resto del mundo intentaba desviarnos. Nos recordábamos la una a la otra nuestro valor y que, durante la espera, tendríamos nuestra amistad para cultivarla y verla crecer.

Poco tiempo después, ambas conocimos a los hombres que después se convertirían en nuestros futuros esposos.  Cuando se llegó mi tiempo para casarme, vi la amistad de Sara en un nuevo nivel. Un nivel de amor y sacrificio que atesoraré para siempre. Cuando yo me comprometí, Sara ya se había convertido en una maravillosa esposa y nueva mama. En medio de la gran transición en la vida de Sara, ella jamás se titubeó para hacerse disponible en cada detalle de la planeación de mi boda (aun cuando vivía a una hora de distancia de mi). Cuando reflexiono sobre la planeación de mi boda, pienso en Sara quien se sacrificó con toda la disposición y el gusto del mundo para asegurarse de que mi día especial fuera una realidad.

Así que cuando pienso en las cualidades de un buen amigo, recuerdo que debo rodearme de personas con maneras de pensar similares a la mía. La manera en la cual yo describiría eso es rodearte de personas que estén dispuestas a correr a tu lado por la vida. Personas con valores, cualidades, intereses y pasiones en común. Aquellos que no te alejarán de todo aquello que Dios te ha llamado a ser, sino que, te empoderen a seguir hacia adelante. Un buen amigo es alguien leal y que te apoya pero que también te dará ese amor firme cuando lo necesites, si eso significa que te ayudará a ser una mejor persona.  La Biblia dice en Proverbios 27:17, “El hierro se afila con el hierro, y el hombre con el trato con el hombre.” Quizá puedes considerar el amor firme como una oportunidad de aprendizaje y asegúrate de devolverlo a tu amigo el día que él/ella lo necesite. También, el ser capaz de expresar empatía y de ser un buen escucha son cualidades importantes en una buena amistad.

Dentro de todo, el pensamiento que me viene a la mente una y otra vez es el esforzarse por tener amistades que den vida y que sean intencionales.  Amistades que te hagan sentir rejuvenecido y motivado al final de una conversación. Una amistad donde esa persona y tú puedan comprender realmente el sentido del humor del otro y se rían mucho y seguido. Como mileniales, aprendemos de primera mano sobre la “adultez” y los desafíos que vienen con ella en ocasiones, así que la risa es esencial y liberadora. Esfuérzate por ser intencional donde ambos hagan el mismo esfuerzo por cultivar su amistad. Cuando yo pienso en “cultivar”, pienso en jardinería; en preparar y cuidar de las plantas para que un día puedan dar fruto. Cuando aplicamos esta mentalidad a nuestras amistades, cuidarlas y ser intencionales, podemos tener la esperanza de verlas

¿Cuales otras cualidades añadirías para ser un buen amigo/a? Cuéntanos en la sección de comentarios.

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¿Quién es responsable por limpiar el desastre?

¿Quién es responsable por limpiar el desastre?

por
Bill Ferrell

¿Debería uno construir una casa con flores en las ventanas y un jardín a la entrada y agradecer a Dios, y al mismo tiempo darle la espalda al mundo y su inmundicia? ¿No es la reclusión una forma de traición – de abandono? Soy débil e insignificante, pero quiero hacer lo que es correcto. – Hans Scholl, 1942

 

Fe en Acción

Hans Scholl, junto a su hermana Sophie, lideraron el movimiento de resistencia clandestino “La Rosa Blanca.” Desde junio de 1942 y hasta su arresto, Hans y Sophie junto a varios estudiantes de la Universidad de Múnich secretamente escribieron y distribuyeron panfletos anti-nazis en su campus y en comunidades cercanas. En cuatro días, fueron detenidos, acusados, juzgados, convictos y ejecutados.  En cuestión de semanas, otro miembro de “La Rosa Blanca” se encontró con el mismo destino. Los hermanos Scholl comenzaron su fe en Jesucristo en la Universidad. Leer la Biblia durante los sucesos de ese tiempo y en su cultura les ayudaron a crear una visión sobre lo que es verdaderamente cierto y correcto.

Muchos alemanes, incluyendo algunos cristianos, decidieron mantenerse silencios y no hacer nada para resistir a Hitler y su régimen Nazi. Otros acogieron la ideología malévola Nazi. Pero la fe de los hermanos Scholl los llevó a tomar acción en lugar de quedarse con brazos cruzados ante lo que sucedía.  Tenían una visión de cultura que puede ser resumida de esta manera:

              Somos cristianos, y somos alemanes; por lo tanto, somos responsables por Alemania.

Ellos entendían que era su responsabilidad, ordenada por Dios, de vivir su fe dentro de su cultura. Defender lo que es correcto y luchar contra aquello que fuese malvado no era opcional. Tenían que intentar corregir los males que se habían cometido en su mundo.

 

Salvados para Algo

A los cristianos nos encanta hablar sobre cómo Cristo nos salvó denuestros pecados y deljuicio. Los hermanos Scholl tenían una visión que iba mucho más allá. También creían que ellos habían sido salvos paraalgo. Específicamente, creían que Dios los había salvado para un ese momento en particular de la historia de Alemania. Para defender lo que era correcto. Para marcar la diferencia en un mundo roto.

Yo creo que Dios nos ha salvado a ti y a mí para una noble labor. Nos ha llamado a marcar la diferencia en nuestra cultura. En este momento particular de nuestra historia. No debemos quedarnos de brazos cruzados – felices por tener un hogar seguro, mientras vemos que el resto del mundo se viene abajo. Esa sería una forma de traición – de deserción.

No te equivoques. No nos engañemos. Somos responsables por nuestros semejantes.

 

Salvado para tu Vecino

Jesús contó la historia de un hombre judío que caminada de Jerusalén a Jericó cuando fue golpeado, robado y dejado tirado para morir. Un sacerdote y un hombre religioso pasaron rápido por donde yacía el hombre, racionalizando su indiferencia de porqué el hombre no era su responsabilidad.

Pero el tercer hombre – un Samaritano, se detuvo, curó al hombre y le salvó la vida. *Es importante notar que en ese tiempo existía una hostilidad latente entre judíos y Samaritanos.

Después de contar esta historia, Jesús le pregunto a un experto de la ley, “¿Cual de estos tres crees que fue un buen vecino al hombre que cayó en manos de los ladrones?”

El experto respondió, “El que tuvo misericordia de él.”

Jesús le dijo, “Ve y haz lo mismo.”

Dios nos ha dado un gran privilegio y honor. En este mundo roto (el cual incluye nuestro propio quebrantamiento) somos llamados a ser buenos vecinos con toda la gente.

De igual manera que Hans y Sophie Scholl y el Samaritano lo hicieron – tomemos responsabilidad por el quebrantamiento que encontremos a nuestro alrededor – en nuestra nación, en nuestras ciudades, en nuestras comunidades, en nuestros vecindarios.

Rechacemos la indiferencia y elijamos amar a nuestro vecino.

¿De cuales maneras puedes ser tu un buen vecino? Cuéntanos en la sección de comentarios.

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Mi Papá, Mi Inspiración

Mi Papá, Mi Inspiración

por
Verónica Vásquez

Si me preguntas quién es la persona que más admiro en el mundo, te diría una y otra vez, Israel Vásquez. No, no es una celebridad; sus vecinos apenas conocen su nombre. No es un profesionista, limpia los pisos de una compañía. No es un erudito, dejo de ir a la escuela cuando iba en segundo año de primaria porque su papá le enseñó que la educación no era necesaria para alcanzar el éxito. ¿Quién es ese hombre?, te preguntarás. Ese hombre es mi padre.

A sus 62 años de edad, aun anda y corre como un adolescente. No tiene botón que lo pare, especialmente los fines de semana. Yo lo veo y quisiera tener la misma energía que el tiene. Y no solo está lleno de energía, deberías ver cuanta fe tiene y cuanto Dios le ha bendecido. Ha sido una inspiración no solo para mi, sino para otras personas que lo conocen y déjame contarte porqué.

Mi papá nació y creció en Cuetzala, Guerrero, México. Es el quinto de once hijos. Su familia fue desterrada del pueblo porque la gente creía que su padre formaba parte de la mafia y que era un “peligro” para el pueblo. Mi abuelo y su familia se fueron del pueblo a vivir a una montaña donde no había electricidad. Mi papá se convirtió en el hombre de la casa a la edad de ocho años, cuando su padre fue asesinado. No tuvo otra alternativa que trabajar en el campo de sol a sol para poder dar a sus hermanos la educación que merecían.

Mi padre era tan analfabeta que ni siquiera sabía cuándo era su cumpleaños o cuantos años tenía. No fue hasta que tenía 16 que le preguntó a su mamá que si podía engordar un marrano para su cumpleaños. Mi abuela le dijo, “¿Y para qué? Tu cumpleaños fue hace tres meses, no tiene caso.” Mi padre veía la necesidad de superarse pero no tenía el dinero para hacerlo. Intentó cruzar la frontera no una, sino dos veces en 1977. Así que sí, estás en lo correcto si crees que mi papá es un inmigrante.

Su destino era Chicago y al segundo día de su llegada y sin saber el idioma, una frase sencilla como “excuse me” le dio la oportunidad de un trabajo. Fue lavaplatos de un restaurante localizado en la ciudad con vista al que fuera el edificio John Hancock. En los siguientes 10 años, ya había conocido a mi mamá, habían tenido a dos hijos (mis hermanos) y acababa de comprar su primera casa en Wheeling, IL.

Dos años mas tarde, en 1990, llegó su mayor dolor de cabeza; yo, su hija más chica, Verónica. Cuando niña, recuerdo que mi mamá me dijo que se iba a casar con mi papá. Yo me colgaba de la chapa de la puerta de la cocina y lloraba inconsolablemente porque no quería que se casara con aquel señor chaparrito al que yo llamaba papá. Hasta el día de hoy, se ríe de mi y de lo que dije pero honestamente, me alegro de que mi mamá no haya tomado en cuenta mi consejo y que sí se haya casado con el.

No fue hasta mis años de adolescencia que entendí porqué mi papá no sabía leer ni escribir bien. Comprendí su pasado y comencé a ver el gran esfuerzo que ha hecho todos estos años para poder darnos lo mejor.

Lo poco que sabía de leer y escribir lo aprendió porque había practicado con un libro, la Biblia. Escribía versos de la Biblia una y otra vez, tanto que para mi regreso a clases todas mis libretas habían desaparecido porque el las usó todas. Me sentí con la obligación, no solo como hija pero como alguien que había sido inspirada por su historia, de ayudarle a crecer. Así que leíamos la Biblia juntos. Nuestro verso favorito es Deutoronomio 6:

Estos son los mandamientos, preceptos y normas que el Señor tu Dios mandó que yo te enseñara, para que los pongas en práctica en la tierra de la que vas a tomar posesión, para que durante toda tu vida tú y tus hijos y tus nietos honren al Señor tu Dios cumpliendo todos los preceptos y mandamientos que te doy, y para que disfrutes de larga vida.
Hasta el día de hoy, su escritura no es perfecta, pero ha mejorado. Su lectura es lenta pero le encanta leer y no se avergüenza ni yo tampoco. Hace nueve años, en el 2009, pasó su examen de la ciudadanía estadounidense. Y no solo pasó el examen, sino que lo hizo en inglés. Y hace solo cuatro años, su primera casa por fin fue oficialmente suya.

Estos últimos años ha estado batallando con Fibrosis Pulmonar, la cual no tiene cura. Recientemente fue diagnosticado con una enfermedad rara de la piel y cáncer de la piel en su oído derecho. Pero a pesar de todo eso, su fe y confianza en Dios continúa creciendo y eso es lo que lo ha mantenido de pie hasta hoy.  No hay un día que este hombre no se ponga de rodillas para dar gracias a Dios por su familia. Eso, para mí, vale más que tener una maestría o doctorado. Nuestra relación no es la mejor, yo corro tras de el, vigilando cada movimiento, como si fuera mi hijo, pero eso no lo cambiaría por nada.

Gracias papá, por todo lo que haces por tus hijos, tu esposa, y ahora por tu nieta. Te amamos. ¡Feliz Día del Padre todo el mes y todo el año!

¿De cual manera impactó tu vida tu papá? Cuéntanos en la sección de comentarios.

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El Valor de las Manos Amorosas de un Padre

El Valor de las Manos Amorosas de un Padre

por
Dra. Alicia La Hoz

Recuerdo vívidamente los dedos largos de mi papá y sus manos abiertas cuando hablaba y daba la bienvenida a aquellos que se le acercaban. Yo sabiamente me aseguraba de no interrumpir cuando veía a su rostro enterrarse en sus manos en un pensamiento profundamente. Aprecié sus manos grandes cuando me cargó a la sala de urgencias en varias ocasiones por accidentes que tuve mientras jugaba con mi imaginación. Y traté de seguir su enseñanza de la manera apropiada de tomar una pelota de beisból para una pelota veloz o curvada. Han pasado cuatro años desde su fallecimiento y lo que más atesoro son sus manos acogedoras que desaparecían todas mis preocupaciones por el mundo.

Hay muchas características únicas de sus manos. Probablemente sabes que los dedos tienen huellas dactilares únicas. ¿Sabías que las manos tienen más receptores sensoriales que cualquier otra parte del cuerpo? Así que, de alguna manera, llevamos nuestros sentimientos en las manos. También podemos darnos una idea de cómo se sienten los demás al observar sus manos. Yo fui muy afortunada al disfrutar el privilegio de ser criada por un padre que demostraba amor a través de sus manos. El era acogedor, amable, amoroso, y también protector – nunca cruzaba sus propios límites. En lugar de ser un padre que es recordado por manos enojadas que lastiman y no son de confiar, sea un padre que a través de sus manos acoge, guía y ama.

Manos acogedoras

Asuma una actitud y postura que invite a sus hijos a acercarse a usted con preguntas sobre el mundo, sobre las relaciones en su vida, y sobre la vida en general. Cuando se acerquen, baje a su estatura, tome sus manos y véalos a los ojos. Recíbalos y hágase presente lo mas que pueda. Al darles el regalo de su presencia, usted les comunica que son bienvenidos que son valorados, y que son importantes. Esto creará un sentido fuerte de identidad en su vida que les ayudará a ser adultos seguros de sí mismos.

Manos que guían

Tómese el tiempo de enseñar a sus hijos. Invítelos a que le acompañen mientras trabaja en el auto, o cuando arregla una puerta, o cambia un bombillo de luz. No solo les da la oportunidad de aprender habilidades prácticas para su diario vivir, sin que, al hacerlo, esta conectando y creando un lazo fuerte con ellos. A medida que trabaja en estos proyectos juntos, enséñeles sobre sus valores, expectativas y deseos.

Manos amorosas

Abrace a sus hijos. Cárguelos; hágales cosquillas, juegue con sus juguetes, péinelos. Cree memorias que les recuerden lo mucho que los quiere. Asegúrese que las memorias que cree no sean unas de manos cerradas o de heridas que duelen. Asegúrese que sus manos no sean las que ellos evitan, sino las que atesoran. Enséñeles a través de su ejemplo lo que es apropiado y no apropiado y cómo establecer límites apropiados.

¿Cuáles son las cosas que mas recuerdas de tu niñez con tu papá? Cuéntanos en la sección de comentarios.

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La visión de Lazos de Familia es familias fortalecidas con hijos con propósito. Para más recursos para la crianza de los hijos o específicamente para papás, descargue nuestra radio novela, ¡Qué Gente, Mi Gente!

El Poder de un «Te Quiero Mucho»

El Poder de un «Te Quiero Mucho»

por
Sandra Briseño

“¡Papáááá, tengoooo comezónnnn!”

Como la “Tuza”, la hija de Pedro Infante en la película Los Tres Huastecos, yo muchas veces le grité esta frase a mi papá desde el otro lado de nuestra casa. Aunque fueran las doce de la noche, mi papá no se medía en atender a mis necesidades. Cosas de las cuales yo, en ese tiempo, no entendía como su lenguaje amoroso.

Mi papá siempre fue un hombre de pocas palabras, pero me dolía no escuchar un “te quiero mucho” sin que yo fuera la primera en decírselo. Por muchos años, yo pensé que el no me quería lo suficiente para decírmelo.

Por siempre recordaré la primera vez que escuché un “te quiero mucho” sin yo habérselo dicho primero. Ocurrió después de meses de consejería. Lo que al principio comenzó como un acto para restaurar su matrimonio con mi mamá, terminó ayudándole en diversas áreas de su vida incluso en su habilidad de expresar sus sentimientos. Se me hace un nudo en la garganta al recordar ese abrazo y el “te quiero mucho” que me dijo. “Te quiero mucho” son palabras que por más simples que sean, marcaron la diferencia en mi relación con mi papá. Ese “te quiero mucho” abrió una fuente de comunicación, apoyo y comprensión entre los dos. Sé que no fue fácil para él hacer cambios que lo distinguieron de los hombres de su familia, pero yo lo admiro y respeto por eso. Las palabras tienen poder y eso me enseño el aquel día que logró expresar su amor de padre hacia mí con palabras.

Ahora que tengo 23 años, entiendo lo difícil que fue para él expresar sentimientos con palabras que nunca escuchó de su propio padre. También, he logrado comprender que, aunque el no me dijera que me quería mucho, sí me quería. Me lo demostró una y otra vez, incluso cuando a gritos le pedía que me rascará la espalda. Toma tiempo lograr expresar con palabras lo que uno aprendió a expresar con acciones, sin embargo, como hijos necesitamos el amor de nuestros padres en ambas formas. Mi papá es el hombre que más admiro, incluso aún más, porque él ha logrado expresar lo que siente con palabras sin importar el que dirán.

“Te quiero mucho, papi.”

¿Cuáles han sido las cosas que marcaron la diferencia en la relación con tu papá? Cuéntanos en la sección de comentarios.

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Somos Imperfectos

Somos Imperfectos

por
Eva Fleming

Todos hemos hecho algo en nuestras vidas de lo que nos hemos arrepentido. Comenzando con algo tan inofensivo como comer demasiado flan al final de la fiesta o gastar más dinero de lo planeado en un viaje al extranjero; hasta acciones más severas como  herir a alguien, ya sea por un chisme o una acción deliberada.  Está en nuestra naturaleza la imperfección.  Por eso es que decimos “lo siento” tantas veces al día.

Habiendo estado casada por 25 años puedo testificar que casi no pasa una semana en la que uno de los dos no haya ofendido o herido al otro aunque sea involuntariamente. Esto es porque las luchas más intensas ocurren en la relación más intensa de todas, el matrimonio.

Cuando vamos a perdonar a alguien debemos tener nuestra propia imperfección en cuenta y saber que “errar es de humano”. Pero no queremos ser un saco de boxeo para las personas desconsideradas, por lo que las recomendaciones de la Doctora Alicia La Hoz para los que buscan dar a alguien una oportunidad son apropiadas. Ella sugiere que te hagas las siguientes tres preguntas para ver si vale la pena dar una segunda oportunidad a alguien o no:

  1. ¿Reconoce la persona lo que ha hecho mal y asume responsabilidad propia por lo ocurrido?
  2. ¿Demuestra, consistentemente, un cambio tangible en su carácter y conducta?
  3. ¿Respeta los límites establecidos de las personas que lastimó?

Si puedes responder positivamente a estas preguntas, entonces, es razonable dar la oportunidad a la persona que la busca si realmente lo deseas.

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Desarrolla Hábitos Ganadores

Desarrolla Hábitos Ganadores

por
Dra. Alicia La Hoz

Esta es la segunda parte del segundo blog de la serie de resoluciones, “¿Cómo te Convences para hacer un Cambio?” que puedes leer aquí. Una vez hayas decidido que quieres cambiar y te comprometerte a metas medibles, el siguiente paso es desarrollar hábitos ganadores ¡que te lleven a tu meta final!

Desarrolla hábitos que funcionen para ti:

Una vez hayas definido metas específicas, crea hábitos que se ajusten a tu rutina. Si planeas ir al gimnasio en la mañana tres veces por semana, establece una rutina que te asegure gran éxito por la mañana. (por ejemplo: ponte tu ropa de ejercicio en cuanto despiertes, programa tu alarma, prepara y ten listo tu desayuno.) Si tu meta es pasar 10 minutos dialogando con tu pareja, entonces averigua en que momento del día será, y crea un ritual que ayude a facilitar ese tiempo. Prepárate un te o una taza de café y toma una libreta donde tu cónyuge y tu puedan anotar historias que quieran compartir o recordar. Una vez hayas establecido rutinas, y hayan probado tal rutina por varios meses, la actividad y la mentalidad comenzarán a ser parte de ustedes.

¿Recuerdan la historia del cafecito de las 3pm que les conté en el primer blog de esta serie? Una vez estableces un hábito, ya no tienes que decidir ser agradecido cada mañana, hacer ejercicio o comer más saludable. Una vez te acostumbras al nuevo patrón, tu cerebro comenzará a esperar la rutina. De la misma manera en que yo anticipaba mi café, así te encontraras tu anticipando comerte esa manzana saludable durante el descanso en tu trabajo, esperarás los abrazos que recibes y das a tus seres queridos antes de salir de casa. Y así como parece ser que automáticamente te lavas los dientes o conduces hacia tu trabajo sin pensarlo, así tus buenos hábitos reemplazarán a los malos y estos se convertirán en parte fundamental de tu persona.

Celebra los pequeños logros:

El éxito es la suma de pequeños logros. Celebra diario que estás logrando la meta al momento de hacer tus actividades. También puedes crear actividades que refuercen y te motiven a seguir el curso cuando combinas una actividad con otra placentera. Por ejemplo, si tu meta es ejercitarte en una maquina elíptica por 30 minutos/ 3 días a la semana después del trabajo, entonces baja tu show favorito solo durante este tiempo. O si te encanta el café, asegúrate de tener listo tu café cuando vayas a disfrutar de tus 10 minutos con tu cónyuge libres de distracciones. Si tu meta es jugar con tus hijos 15 minutos al día, encuentra la actividad que ambos disfruten hacer. Trabajar para lograr esa meta será menos difícil y encontraras placer en el proceso.

Escribe tus metas y tus logros. Escribe en un diario tu progreso y haz notas mentales de los cambios emocionales y/o físicos que vayas experimentando. Al saborear los pequeños logros positivos que se van llevando a cabo, te sentirás más motivado a seguir tu curso.

Tu puedes ser el impulsor o el obstáculo más grande en tu camino hacia el éxito. Convéncete de hacer un cambio, y habrás ganado la mitad de la batalla.

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Papá Pródigo, Hijo Perdonador

Papá Pródigo, Hijo Perdonador

por
Eduardo Morales

Mi corazón estaba palpitando. Me comencé a calentar por dentro. Esto es lo que sientes cuando sabes que el Espíritu Santo está actuando contigo, respondiéndote en ese momento específico.

“Marca pasos, ¿quién aquí necesita marcar pasos?”, el pastor retaba a todos los hombres para que pasaran al frente del altar (escenario).

Era una forma sencilla de ahogar el sonido de mi corazón. ¿Por qué tengo que hacer esto ahora Dios? ¿En este momento? ¿Delante de tantos hombres? ¡Esto me va a hacer quedar como un débil! Dios yo puedo hablar con mi padre cuando lleguemos a casa, ¡¡¡¿por qué lo tengo que hacer aquí?!!! Esto era algo que yo hablaba en mi cabeza. En aquel momento difícil un hombre fue al altar y aceptó el reto y marcó su paso.

Seis años antes yo había perdido todo, alusinaba, odiaba, tenia miedo y estaba roto. Mi padre se había ido sin mi madre, hermano y sin mí. Afortunadamente, para mí yo estaba listo para salir adelante en el colegio. Era mi forma de escapar. No podía estar en la casa, no sabía lo que iba a pasar y no sabía qué ocurriría con esta separación de mi famlia. Solo sabía una cosa, había perdido todo el respeto por mi padre. Lo trabajador, estricto, “haría todo lo que tuviera que hacer para ayudar y proveer a mi familia de lo que tuviera necesidad”, no deseaba hacer nada con él. ¿Por qué mi padre? ¿Por qué regresaste? ¿Por qué viniste aquí? Yo no deseaba realmente hacer mucho en aquel momento, pero mi respuesta fue ignorar y echar a un lado todo, y tratar de hacer lo mejor de mí para olvidar.

Yo sabía que necesitaba tomar la decisión de marcar mis pasos y perdonar a mi papá. Todos estos años yo los tenía debajo de la alfombra. Yo necesitaba escoger y ponerlos detrás de mí, para que nuestra relación fuera enmendada, sanada, restaurada. Comencé a caminar hacia adelante, gentilmente todos los hombres de la audiencia pasaron cerca del altar. No deseaba pasar, tenía que pasar.

“Allá ¿nadie más tiene necesidad de marcar pasos hoy?” dijo el pastor nuevamente.

Me puse en pie y finalmente caminé. “¿Y qué paso quieres marcar hoy?” él dijo.

En una voz muy temblorosa dije, “tengo que compartir algo con mi padre. Necesito perdonarlo”.

Se volvió a contemplar el mar de hombres que tenía al frente, el pastor dijo, “dónde él se encuentra, tráiganlo al altar…”

El no estaba en el salón. “¡En serio! Ahora voy a quedar como un tonto, ya se lo dije a Dios en mi cabeza. Ellos, literalmente, fueron a buscarlo hasta encontrarlo y yo esperando en el altar hasta que alguien, finalmente, lo encontró. Yo sabía que pude haber esperado hasta que llegara a la casa”, yo decía en mi interior.

Yo deseaba que mi padre no estuviera cerca. Busqué refugio en mis logros, mi cita con una relación a la vez, algo de drogas, alcohol y juegos. Cuando él decidió estar ausente por un tiempo en mi vida, no cambió el rol de que él era mi padre y yo su hijo. No deseaba continuar el camino de mi vida tratando esta figura fuera de mi vida. Yo deseaba esa relación. Yo necesitaba esa relación. Algunas temporadas en mi vida fueron activadas prematuramente. El rey dejó la casa, pero el príncipe tomó la posicion, una posición para la que no estaba preparado.

“¡Nosotros lo encontramos!” Alguien gritó en la parte de atrás. El caminó hasta el altar con un sentido de urgencia.

“Su hijo tiene algo que desea compartir con usted…” el pastor me dio el micrófono.

“Papá, solo quiero decirte que te amo demasiado… (mis ojos se pusieron llorosos)… Yo te pedí que vinieras aquí porque tengo que marcar este paso. Necesito perdonarte por todo lo que ha pasado en nuestro pasado. No deseo seguir siendo tu enemigo ni mantenerte en la posición de culpable por más tiempo. He decidido hoy, papá, poner estos últimos seis años detrás de mí.” En este momento sollocé. Mi padre se agarró de mí y compartimos este momento, nos unimos en un gran abrazo que nunca había recibido de él, me sentí libre, me sentí relajado. En ese momento, las ataduras de enojo, de traición y de abandono quedaron atrás. Sentí el poder de la liberación y la libertad del perdón.

Un hombre me hizo el acercamiento y me dijo lo impactante que fue ese momento para ellos. Sentí como si el Señor me hubiera enseñado que ese momento no era exclusivo para mí, sino para todos aquellos hombres que estaban en el salón, para que vieran un acto sincero de perdonar.

Nuestra relación ha cambiado drásticamene hacia lo positivo. Creo que seleccionar perdonar puede ser algo vulnerable y una cosa riesgosa, pero aprender a cómo perdornar y aplicarlo a nuestras relaciones es un acto integral. Perdonar liberta, no perdonar estrangula y entorpece. Necesitamos aprender a perdonar, como El nos ha perdonado.

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¿Cómo te Convences para hacer un Cambio?

¿Cómo te Convences para hacer un Cambio?

por
Dra. Alicia La Hoz

El fuerte aroma de café comenzaba a levantarme el ánimo aun antes de dar el primer sorbo de espresso. En aquel entonces, trabajaba como Directora de Ayuda Financiera mientras completaba mi postgrado en Trinity International University (TIU), y diariamente a las 3pm en punto, mis compañeros con mucha gentileza nos traían una taza de espresso cubano. La experiencia se convirtió en una rutina tan arraigada que la primera memoria que viene a la mente cuando pienso en la universidad es el rico sabor a café. En tardes lentas, mis colegas y yo anticipábamos la llegada del espresso.

A eso de las 2:30 pm, todo el mundo en la oficina comenzaban a experimentar «el gusto del espresso”, sabiendo que solo debíamos esperar un poquito más para recibir aquel deleite de la cafeína al que nos habíamos acostumbrado.

La experiencia de anticipación, el sentimiento de gozo que te de algo aun antes de tenerlo, es algo que investigadores han estudiado sobre el rol del hábito y la rutina. Cuando quieres hacer un cambio, cuando sabes qué quieres cambiar y cuando has tomado la decisión de cambiar, necesitas crear hábitos y rutinas que permitan que ese camino al cambio permanezca.

En este segundo blog de nuestra serie de resoluciones, exploraremos el segundo componente de cambio: Toma de decisión para el cambio.

La Decisión de Cambiar:

La Autoconciencia es como un espejo interior – es un reflejo que revela patrones que crean caos u orden en tu vida. Cuando tienes un problema como ira explosiva, comer en exceso, o compra impulsiva, necesitas identificar las circunstancias y los eventos que precipitan el problema que quieres corregir. Una vez puedas reflexionar sobre lo que motiva tus acciones, necesitas sentir la urgencia y la convicción que te exhorte a hacer los cambios necesarios.

La autoconciencia sin convicción puede llevarte a un estado mental peligroso que consiste en complacencia, autocompasión, y hasta vergüenza. Y estas fuerzas pueden llevarte a un sentido de desesperanza – un enemigo que no permite que ocurra el cambio. Así que, ¿cómo puedes persuadirte de cambiar?

  1. Escribe una lista de razones por las cuales debes cambiar. Escribe los pros y los contras del cambio. Por ejemplo, ¿cuál sería el beneficio de no explotar en ira alrededor de familiares y compañeros de trabajo? Asegúrate de que tus razones sean personales.
  2. ¿Qué puede pasar si no cambias? ¿Qué es lo peor que puede pasar si continúas viviendo de la manera en que vives? ¿Cómo te gustaría ser en unos 5, 10 o 15 años? Crea una imagen en tu mente de la peor y la mejor versión de tu persona.
  3. Recuerda un momento cuando fuiste exitoso. Piensa en aquel esfuerzo que hiciste en el pasado y que te permitió lograr una meta, o hacer algo diferente y piensa en cómo te hizo sentir ese éxito. Visualiza cómo podría ser tu vida si pudieras perdonar a tu cónyuge, si lograras manejar mejor tu ira, si pudieras manejar mejor tus impulsos.
  4. Haz una lista de tus excusas. Escribe todas las razones por las cuales aún no has cambiado, o porqué tus intentos anteriores han fallado. Nombra cada razón y se honesto contigo mismo. ¿Qué te ganas al no cambiar? ¿Qué pierdes?
  5. Encuentra un héroe. ¿Existe alguien que haya vivido una lucha similar y que haya salido victorioso al lograr sus metas? Ve una película o lee un libro sobre esa persona para encontrar inspiración y motivación.
  6. Elige una cosa. Cuando resurgen muchas faltas, es fácil hacer una lista de 100 cosas para cambiar. Elige una a la que le puedas dedicar toda tu energía. Desglosa esa cosa a micro-momentos. Por ejemplo, elije recibir a tu cónyuge con un beso y un abrazo cuando llegue del trabajo, en lugar de reclamarle por mil cosas. Este micro-momento sencillo terminará fortaleciendo su relación. Una meta general como la de “ser más feliz en mi matrimonio” puede ser frustrante por todos los factores involucrados. En su lugar, elije una cosa que quieres lograr y enfócate en esos micro-momentos. Eventualmente, todos los micro-momentos se irán sumando y harán una gran diferencia.
  7. Haz un compromiso. Escribe, “Voy a.…” Comparte tu decisión con alguien de confianza. Cuando compartes un compromiso que has hecho, es más probable que lleves a cabo tu decisión. Es más probable que te mantengas fiel a tu compromiso si tienes un amigo o familiar a quien rendirle cuentas.
  8. Define tu Meta. Ahora que has decidido cambiar, el trabajo comienza. Tienes que definir metas que sean inteligentes, o “SMART” por sus siglas en inglés (específicas, medibles, alcanzables, razonables y en un tiempo programado.) Por ejemplo, “Voy a compartir con mi esposo una razón diaria por la cual me siento agradecida,” o “Voy a comer aperitivos saludables y llenar mi lonchera con opciones saludables para lograr mi meta.” Identifica específicamente lo que quieres hacer diferente – entre menos general sea tu meta, más alcanzable será.

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