Mi Papá, Mi Inspiración

Mi Papá, Mi Inspiración

por
Verónica Vásquez

Si me preguntas quién es la persona que más admiro en el mundo, te diría una y otra vez, Israel Vásquez. No, no es una celebridad; sus vecinos apenas conocen su nombre. No es un profesionista, limpia los pisos de una compañía. No es un erudito, dejo de ir a la escuela cuando iba en segundo año de primaria porque su papá le enseñó que la educación no era necesaria para alcanzar el éxito. ¿Quién es ese hombre?, te preguntarás. Ese hombre es mi padre.

A sus 62 años de edad, aun anda y corre como un adolescente. No tiene botón que lo pare, especialmente los fines de semana. Yo lo veo y quisiera tener la misma energía que el tiene. Y no solo está lleno de energía, deberías ver cuanta fe tiene y cuanto Dios le ha bendecido. Ha sido una inspiración no solo para mi, sino para otras personas que lo conocen y déjame contarte porqué.

Mi papá nació y creció en Cuetzala, Guerrero, México. Es el quinto de once hijos. Su familia fue desterrada del pueblo porque la gente creía que su padre formaba parte de la mafia y que era un “peligro” para el pueblo. Mi abuelo y su familia se fueron del pueblo a vivir a una montaña donde no había electricidad. Mi papá se convirtió en el hombre de la casa a la edad de ocho años, cuando su padre fue asesinado. No tuvo otra alternativa que trabajar en el campo de sol a sol para poder dar a sus hermanos la educación que merecían.

Mi padre era tan analfabeta que ni siquiera sabía cuándo era su cumpleaños o cuantos años tenía. No fue hasta que tenía 16 que le preguntó a su mamá que si podía engordar un marrano para su cumpleaños. Mi abuela le dijo, “¿Y para qué? Tu cumpleaños fue hace tres meses, no tiene caso.” Mi padre veía la necesidad de superarse pero no tenía el dinero para hacerlo. Intentó cruzar la frontera no una, sino dos veces en 1977. Así que sí, estás en lo correcto si crees que mi papá es un inmigrante.

Su destino era Chicago y al segundo día de su llegada y sin saber el idioma, una frase sencilla como “excuse me” le dio la oportunidad de un trabajo. Fue lavaplatos de un restaurante localizado en la ciudad con vista al que fuera el edificio John Hancock. En los siguientes 10 años, ya había conocido a mi mamá, habían tenido a dos hijos (mis hermanos) y acababa de comprar su primera casa en Wheeling, IL.

Dos años mas tarde, en 1990, llegó su mayor dolor de cabeza; yo, su hija más chica, Verónica. Cuando niña, recuerdo que mi mamá me dijo que se iba a casar con mi papá. Yo me colgaba de la chapa de la puerta de la cocina y lloraba inconsolablemente porque no quería que se casara con aquel señor chaparrito al que yo llamaba papá. Hasta el día de hoy, se ríe de mi y de lo que dije pero honestamente, me alegro de que mi mamá no haya tomado en cuenta mi consejo y que sí se haya casado con el.

No fue hasta mis años de adolescencia que entendí porqué mi papá no sabía leer ni escribir bien. Comprendí su pasado y comencé a ver el gran esfuerzo que ha hecho todos estos años para poder darnos lo mejor.

Lo poco que sabía de leer y escribir lo aprendió porque había practicado con un libro, la Biblia. Escribía versos de la Biblia una y otra vez, tanto que para mi regreso a clases todas mis libretas habían desaparecido porque el las usó todas. Me sentí con la obligación, no solo como hija pero como alguien que había sido inspirada por su historia, de ayudarle a crecer. Así que leíamos la Biblia juntos. Nuestro verso favorito es Deutoronomio 6:

Estos son los mandamientos, preceptos y normas que el Señor tu Dios mandó que yo te enseñara, para que los pongas en práctica en la tierra de la que vas a tomar posesión, para que durante toda tu vida tú y tus hijos y tus nietos honren al Señor tu Dios cumpliendo todos los preceptos y mandamientos que te doy, y para que disfrutes de larga vida.
Hasta el día de hoy, su escritura no es perfecta, pero ha mejorado. Su lectura es lenta pero le encanta leer y no se avergüenza ni yo tampoco. Hace nueve años, en el 2009, pasó su examen de la ciudadanía estadounidense. Y no solo pasó el examen, sino que lo hizo en inglés. Y hace solo cuatro años, su primera casa por fin fue oficialmente suya.

Estos últimos años ha estado batallando con Fibrosis Pulmonar, la cual no tiene cura. Recientemente fue diagnosticado con una enfermedad rara de la piel y cáncer de la piel en su oído derecho. Pero a pesar de todo eso, su fe y confianza en Dios continúa creciendo y eso es lo que lo ha mantenido de pie hasta hoy.  No hay un día que este hombre no se ponga de rodillas para dar gracias a Dios por su familia. Eso, para mí, vale más que tener una maestría o doctorado. Nuestra relación no es la mejor, yo corro tras de el, vigilando cada movimiento, como si fuera mi hijo, pero eso no lo cambiaría por nada.

Gracias papá, por todo lo que haces por tus hijos, tu esposa, y ahora por tu nieta. Te amamos. ¡Feliz Día del Padre todo el mes y todo el año!

¿De cual manera impactó tu vida tu papá? Cuéntanos en la sección de comentarios.

Para blogs, tips e ideas sobre la vida y las relaciones interpersonales, síganos en las redes sociales @lazosdefamiliausa

El Valor de las Manos Amorosas de un Padre

El Valor de las Manos Amorosas de un Padre

por
Dra. Alicia La Hoz

Recuerdo vívidamente los dedos largos de mi papá y sus manos abiertas cuando hablaba y daba la bienvenida a aquellos que se le acercaban. Yo sabiamente me aseguraba de no interrumpir cuando veía a su rostro enterrarse en sus manos en un pensamiento profundamente. Aprecié sus manos grandes cuando me cargó a la sala de urgencias en varias ocasiones por accidentes que tuve mientras jugaba con mi imaginación. Y traté de seguir su enseñanza de la manera apropiada de tomar una pelota de beisból para una pelota veloz o curvada. Han pasado cuatro años desde su fallecimiento y lo que más atesoro son sus manos acogedoras que desaparecían todas mis preocupaciones por el mundo.

Hay muchas características únicas de sus manos. Probablemente sabes que los dedos tienen huellas dactilares únicas. ¿Sabías que las manos tienen más receptores sensoriales que cualquier otra parte del cuerpo? Así que, de alguna manera, llevamos nuestros sentimientos en las manos. También podemos darnos una idea de cómo se sienten los demás al observar sus manos. Yo fui muy afortunada al disfrutar el privilegio de ser criada por un padre que demostraba amor a través de sus manos. El era acogedor, amable, amoroso, y también protector – nunca cruzaba sus propios límites. En lugar de ser un padre que es recordado por manos enojadas que lastiman y no son de confiar, sea un padre que a través de sus manos acoge, guía y ama.

Manos acogedoras

Asuma una actitud y postura que invite a sus hijos a acercarse a usted con preguntas sobre el mundo, sobre las relaciones en su vida, y sobre la vida en general. Cuando se acerquen, baje a su estatura, tome sus manos y véalos a los ojos. Recíbalos y hágase presente lo mas que pueda. Al darles el regalo de su presencia, usted les comunica que son bienvenidos que son valorados, y que son importantes. Esto creará un sentido fuerte de identidad en su vida que les ayudará a ser adultos seguros de sí mismos.

Manos que guían

Tómese el tiempo de enseñar a sus hijos. Invítelos a que le acompañen mientras trabaja en el auto, o cuando arregla una puerta, o cambia un bombillo de luz. No solo les da la oportunidad de aprender habilidades prácticas para su diario vivir, sin que, al hacerlo, esta conectando y creando un lazo fuerte con ellos. A medida que trabaja en estos proyectos juntos, enséñeles sobre sus valores, expectativas y deseos.

Manos amorosas

Abrace a sus hijos. Cárguelos; hágales cosquillas, juegue con sus juguetes, péinelos. Cree memorias que les recuerden lo mucho que los quiere. Asegúrese que las memorias que cree no sean unas de manos cerradas o de heridas que duelen. Asegúrese que sus manos no sean las que ellos evitan, sino las que atesoran. Enséñeles a través de su ejemplo lo que es apropiado y no apropiado y cómo establecer límites apropiados.

¿Cuáles son las cosas que mas recuerdas de tu niñez con tu papá? Cuéntanos en la sección de comentarios.

Para blogs, tips e ideas sobre la vida y las relaciones interpersonales, síganos en las redes sociales @lazosdefamiliausa

La visión de Lazos de Familia es familias fortalecidas con hijos con propósito. Para más recursos para la crianza de los hijos o específicamente para papás, descargue nuestra radio novela, ¡Qué Gente, Mi Gente!

El Poder de un «Te Quiero Mucho»

El Poder de un «Te Quiero Mucho»

por
Sandra Briseño

“¡Papáááá, tengoooo comezónnnn!”

Como la “Tuza”, la hija de Pedro Infante en la película Los Tres Huastecos, yo muchas veces le grité esta frase a mi papá desde el otro lado de nuestra casa. Aunque fueran las doce de la noche, mi papá no se medía en atender a mis necesidades. Cosas de las cuales yo, en ese tiempo, no entendía como su lenguaje amoroso.

Mi papá siempre fue un hombre de pocas palabras, pero me dolía no escuchar un “te quiero mucho” sin que yo fuera la primera en decírselo. Por muchos años, yo pensé que el no me quería lo suficiente para decírmelo.

Por siempre recordaré la primera vez que escuché un “te quiero mucho” sin yo habérselo dicho primero. Ocurrió después de meses de consejería. Lo que al principio comenzó como un acto para restaurar su matrimonio con mi mamá, terminó ayudándole en diversas áreas de su vida incluso en su habilidad de expresar sus sentimientos. Se me hace un nudo en la garganta al recordar ese abrazo y el “te quiero mucho” que me dijo. “Te quiero mucho” son palabras que por más simples que sean, marcaron la diferencia en mi relación con mi papá. Ese “te quiero mucho” abrió una fuente de comunicación, apoyo y comprensión entre los dos. Sé que no fue fácil para él hacer cambios que lo distinguieron de los hombres de su familia, pero yo lo admiro y respeto por eso. Las palabras tienen poder y eso me enseño el aquel día que logró expresar su amor de padre hacia mí con palabras.

Ahora que tengo 23 años, entiendo lo difícil que fue para él expresar sentimientos con palabras que nunca escuchó de su propio padre. También, he logrado comprender que, aunque el no me dijera que me quería mucho, sí me quería. Me lo demostró una y otra vez, incluso cuando a gritos le pedía que me rascará la espalda. Toma tiempo lograr expresar con palabras lo que uno aprendió a expresar con acciones, sin embargo, como hijos necesitamos el amor de nuestros padres en ambas formas. Mi papá es el hombre que más admiro, incluso aún más, porque él ha logrado expresar lo que siente con palabras sin importar el que dirán.

“Te quiero mucho, papi.”

¿Cuáles han sido las cosas que marcaron la diferencia en la relación con tu papá? Cuéntanos en la sección de comentarios.

Para blogs, tips e ideas sobre la maternidad, la vida y las relaciones interpersonales, síganos en las redes sociales @lazosdefamilia.

Papá Pródigo, Hijo Perdonador

Papá Pródigo, Hijo Perdonador

por
Eduardo Morales

Mi corazón estaba palpitando. Me comencé a calentar por dentro. Esto es lo que sientes cuando sabes que el Espíritu Santo está actuando contigo, respondiéndote en ese momento específico.

“Marca pasos, ¿quién aquí necesita marcar pasos?”, el pastor retaba a todos los hombres para que pasaran al frente del altar (escenario).

Era una forma sencilla de ahogar el sonido de mi corazón. ¿Por qué tengo que hacer esto ahora Dios? ¿En este momento? ¿Delante de tantos hombres? ¡Esto me va a hacer quedar como un débil! Dios yo puedo hablar con mi padre cuando lleguemos a casa, ¡¡¡¿por qué lo tengo que hacer aquí?!!! Esto era algo que yo hablaba en mi cabeza. En aquel momento difícil un hombre fue al altar y aceptó el reto y marcó su paso.

Seis años antes yo había perdido todo, alusinaba, odiaba, tenia miedo y estaba roto. Mi padre se había ido sin mi madre, hermano y sin mí. Afortunadamente, para mí yo estaba listo para salir adelante en el colegio. Era mi forma de escapar. No podía estar en la casa, no sabía lo que iba a pasar y no sabía qué ocurriría con esta separación de mi famlia. Solo sabía una cosa, había perdido todo el respeto por mi padre. Lo trabajador, estricto, “haría todo lo que tuviera que hacer para ayudar y proveer a mi familia de lo que tuviera necesidad”, no deseaba hacer nada con él. ¿Por qué mi padre? ¿Por qué regresaste? ¿Por qué viniste aquí? Yo no deseaba realmente hacer mucho en aquel momento, pero mi respuesta fue ignorar y echar a un lado todo, y tratar de hacer lo mejor de mí para olvidar.

Yo sabía que necesitaba tomar la decisión de marcar mis pasos y perdonar a mi papá. Todos estos años yo los tenía debajo de la alfombra. Yo necesitaba escoger y ponerlos detrás de mí, para que nuestra relación fuera enmendada, sanada, restaurada. Comencé a caminar hacia adelante, gentilmente todos los hombres de la audiencia pasaron cerca del altar. No deseaba pasar, tenía que pasar.

“Allá ¿nadie más tiene necesidad de marcar pasos hoy?” dijo el pastor nuevamente.

Me puse en pie y finalmente caminé. “¿Y qué paso quieres marcar hoy?” él dijo.

En una voz muy temblorosa dije, “tengo que compartir algo con mi padre. Necesito perdonarlo”.

Se volvió a contemplar el mar de hombres que tenía al frente, el pastor dijo, “dónde él se encuentra, tráiganlo al altar…”

El no estaba en el salón. “¡En serio! Ahora voy a quedar como un tonto, ya se lo dije a Dios en mi cabeza. Ellos, literalmente, fueron a buscarlo hasta encontrarlo y yo esperando en el altar hasta que alguien, finalmente, lo encontró. Yo sabía que pude haber esperado hasta que llegara a la casa”, yo decía en mi interior.

Yo deseaba que mi padre no estuviera cerca. Busqué refugio en mis logros, mi cita con una relación a la vez, algo de drogas, alcohol y juegos. Cuando él decidió estar ausente por un tiempo en mi vida, no cambió el rol de que él era mi padre y yo su hijo. No deseaba continuar el camino de mi vida tratando esta figura fuera de mi vida. Yo deseaba esa relación. Yo necesitaba esa relación. Algunas temporadas en mi vida fueron activadas prematuramente. El rey dejó la casa, pero el príncipe tomó la posicion, una posición para la que no estaba preparado.

“¡Nosotros lo encontramos!” Alguien gritó en la parte de atrás. El caminó hasta el altar con un sentido de urgencia.

“Su hijo tiene algo que desea compartir con usted…” el pastor me dio el micrófono.

“Papá, solo quiero decirte que te amo demasiado… (mis ojos se pusieron llorosos)… Yo te pedí que vinieras aquí porque tengo que marcar este paso. Necesito perdonarte por todo lo que ha pasado en nuestro pasado. No deseo seguir siendo tu enemigo ni mantenerte en la posición de culpable por más tiempo. He decidido hoy, papá, poner estos últimos seis años detrás de mí.” En este momento sollocé. Mi padre se agarró de mí y compartimos este momento, nos unimos en un gran abrazo que nunca había recibido de él, me sentí libre, me sentí relajado. En ese momento, las ataduras de enojo, de traición y de abandono quedaron atrás. Sentí el poder de la liberación y la libertad del perdón.

Un hombre me hizo el acercamiento y me dijo lo impactante que fue ese momento para ellos. Sentí como si el Señor me hubiera enseñado que ese momento no era exclusivo para mí, sino para todos aquellos hombres que estaban en el salón, para que vieran un acto sincero de perdonar.

Nuestra relación ha cambiado drásticamene hacia lo positivo. Creo que seleccionar perdonar puede ser algo vulnerable y una cosa riesgosa, pero aprender a cómo perdornar y aplicarlo a nuestras relaciones es un acto integral. Perdonar liberta, no perdonar estrangula y entorpece. Necesitamos aprender a perdonar, como El nos ha perdonado.

Para blogs, tips e ideas sobre la vida y las relaciones interpersonales, síganos en las redes sociales @lazosdefamilia.

El Papel de Padre que Desempeña mi Esposo

El Papel de Padre que Desempeña mi Esposo

Por
Eva Fleming

No sé tú, pero de vez en cuando yo observo y reflexiono sobre el tipo de padre que mi esposo es para nuestros hijos y una sonrisa furtiva pasa por mis labios. Él no es el padre divertido y energético que lanza a los niños en el aire o juega con ellos en la corte de básquetbol. Pero cuando veo a mis hijos creciendo y madurando, independizándose y abrazando la vida, tengo que admitir que este hombre tan reservado ha hecho algo muy bien. ¿A qué más podría atribuir el hecho de que mis hijos son tan adaptables, trabajadores, responsables, respetuosos y enfocados? ¿Sería tal vez, porque viven bajo la influencia de la mano estable de un padre que los lleva a las prácticas de karate todas las semanas, les confía trabajos grandes, les tiene expectativas altas y les provee los recursos para que ellos triunfen? Yo así lo creo.

Mi esposo ha estado proveyendo para nuestra familia física y financieramente por casi tres décadas. Pero mejor aun, él provee un hogar estable donde el amor y la confianza pueden florecer. He hecho las siguientes observaciones sobre el tipo de adiestramiento paternal que veo bajo mi techo:

  1. El papel que desempeña mi esposo es una expresión de masculinidad. La verdadera virilidad modela un comportamiento saludable y caritativo en las relaciones. Esto es bueno para mis hijos porque ellos están aprendiendo a encontrar su lugar en la sociedad con el poder de un buen modelo. Y es fantástico para mi hija porque la forma primordial con la que ella ha aprendido cómo los hombres se comportan en una relación saludable, ha sido observando a su padre. La mayoría de los divorcios y la violencia doméstica sucede a hombres y mujeres que crecieron sin un padre modelando un comportamiento compasivo en el hogar (Steve Stosney, Ph.D).
  2. El papel de mi esposo es integral para el bienestar de nuestra familia. Yo sé lo que los estudios hechos por gigantes de las ciencias sociales han descubierto sobre la paternidad y la lista es larga. Te invito a que leas el libro Fatherless America de David Blankenhorn. Blankerhorn dice, “que la falta de padres en los hogares modernos es la tendencia más dañina de esta generación.” Pero nuestra familia se ha beneficiado de hijos emocionalmente estables que sobresalen en sus estudios académicos, no demuestran desórdenes de comportamientos y no se involucran en comportamientos agresivos todo porque, estoy segura, hay una figura paterna que toma su papel en serio en nuestro hogar.
  3. La paternidad es buena para mi esposo. La bioquímica y actividad neural que se ha activado en su cerebro después de convertirse en padre, literalmente, lo ha mantenido vivo y enfocado. Amar a sus hijos y sacrificar las comodidades personales para verlos triunfar ha convertido a mi esposo de un soltero egoísta a un ser humano altruista y abnegado. El tal vez lo empuja hasta al límite ya que todavía maneja un auto de 15 años para hacer el sacrificio financiero que beneficia a su familia.

Si preguntas a mis hijos sobre su padre, lo primero que te dirán es, “cuando tengo una inquietud y le pregunto a mi padre, él averigua más de lo que yo pensaba sería posible. El mira las cosas desde todos los ángulos, es muy detallado. Esto me comunica que mis inquietudes sí le importan y desea que tome la mejor decisión posible. Mi padre, realmente, tiene mi bienestar en mente.”

En mi hogar, mi esposo es honrado por su carácter, lo cual, ahora que lo pienso mejor es la misma razón por la cual mis hermanas y yo honramos a mi propio padre. Era un hombre de principios, compasivo, altruista y visionario. Mi esposo es honesto, responsable, confiable y detallado. ¿Y tú (o el padre especial que vive en tu hogar), qué atributos de carácter estás pasando a tus hijos? Ya seas un padre activo, intrépido, afectuoso o uno reservado, estable o determinado, nuestra sociedad te necesita y tu familia también.

Mientras que la representación de los artistas de Hollywood en roles paternos como los de Homero Simpson con su mal humor, vulgaridad, negligencia, torpeza, borrachera y personalidad ignorante e idiotizada puede ser cómica, es definitivamente incompleta y gracias a Dios no representa a todos esos maravillosos padres que yo conozco. En estos días la seriedad del rol de un buen padre va en aumento. ¡Y esto sí que es muy buena noticia!

Para más blogs sobre relaciones saludables y más, síguenos en las redes sociales como Lazos de Familia.

“My Dad Rocks” (Mi Papá es el Mejor)

“My Dad Rocks” (Mi Papá es el Mejor)

Por
Isaías Pérez

El tener un padre como Marlon Pérez ha sido una bendicón y un privilegio que Dios me ha brindado como su hijo. Recuerdo que desde niño vi a mi padre como un hombre trabajador y esforzado. Era un hombre responsable con su trabajo secular y con el ministerio que Dios había entregado en sus manos como pastor de una iglesia.

Algo que siempre he admirado de mi padre es que a pesar del mucho y arduo trabajo que tenía, siempre sacaba tiempo para pasar en familia. Recuerdo que nos llevaba al cine (una de mis salidas preferidas), a parques y a pasadías. Una vez al año, nos íbamos una semana de vacaciones a un hotel o una cabaña cerca de la playa. Esto era una gran aventura para mis hermanos y para mí, ya que vivíamos en un pueblo del centro de mi país, la zona era campestre.

Una observación que yo siempre hacía era que mi padre sacaba tiempo para estar de vacaciones a solas con mi mamá. Recuerdo aquella vez en que se fueron de crucero por una semana y me molesté muchísimo y le dije: “¿Por qué la llevas a ella de crucero y a mis hermanos y a mí no? No recuerdo que mi padre me haya contestado.

El tiempo ha ido pasando y ya siendo un joven adulto puedo ver la importancia de sus vacaciones a solas con mi madre. Como buen esposo cuidaba y sigue cuidando su relación con mi mamá. Ya el nido se va quedando vacío y lo que les queda es el fuerte lazo del amor que han desarrollado con el tiempo.

Hoy, ya convertido en un hombre puedo decir que un buen padre cuida no solo de sus hijos, sino también cuida de la mujer que le dio el privilegio y la bendición de convertirse en el mejor de los padres. A ti, Marlon, gracias por ser ese padre especial, mi padre.

¿Cuál es tu legado?

¿Cuál es tu legado?

Por
Bill Ferrell

Todos nosotros dejamos un legado. La pregunta es no si podemos, es si dejamos un legado. Es una fantástica pregunta para ser considerada por todos. La siguiente historia nos ayudará a motivarnos.

Mi padre fue un profesor de Inglés en un colegio. Conoció grandes y excelentes escritores Americanos como lo son John Steinbeck, Nathaniel Hawthorne y Flannery O’Connor. Crecí con una enorme fotografía de William Faulkner que estaba en la pared familiar. Las conversaciones a la hora de cenar giraban alrededor de lo que cada uno en la familia leía. Estoy muy agradecido por el amor a la literatura que mi padre me heredó. El fue un verdadero académico y su especialidad era clara en el mundo de los libros y las ideas.

Fue una sorpresa para mí cuando mi padre se ofreció como entrenador voluntario de mi equipo de béisbol en cuarto grado. Yo no sabía que él tuviera conocimiento alguno de béisbol, pero aprendió solo algo relacionado con el juego. Esa temporada probó que realmente no sabía. Tuvimos un récord de 1 ganado y 19 perdidos. Y el juego ganado fue porque el equipo con quien íbamos a jugar se confundió con el calendario y llegó solo la mitad del equipo – así que el juego fue confiscado.

Realmente no recuerdo nada con relación a la instrucción que pudo haber tenido mi padre con respecto al béisbol. Estoy adivinando, pero realmente no tenía mucha. Una cosa que recuerdo es que él nos prometió “snow cones” si ganábamos. Nosotros amábamos los “snow cones”. ¿A qué niño no le gustan?

Así que él escogió el incentivo correcto. Esto era solo la promesa de un hielo con sabor, pero que no haría la tarea por nosotros si no podíamos batear, correr y capturar la pelota.

Pero luego de perder cada partido él nos sentaba y nos hablaba del buen trabajo que habíamos hecho. El hablaba con nosotros no para desalentarnos. Seguro, nosotros no teníamos un puntaje de más carreras que los otros equipos, pero jugábamos decididos y con pasión y con un corazón de ganadores. El nos decía que estaba orgulloso de nosotros. Luego pausó y con una sonrisa pequeña en su cara nos dijo, “snow cones” para todos. En ese punto nosotros corrimos fuera de la caseta e invadimos el negocio de “snow cones”.

Nosotros sabíamos que tendríamos nuestro “snow cone” ganáramos o perdiéramos. Sin importar si nuestra presentación fuera buena o pobre. Tener un “snow cone” no dependía, en lo absoluto, de nuestro desempeño. No teníamos que hacer nada para esto. Mi padre nos daba nuestro “snow cone” porque él era un hombre amoroso y no necesitaba que lo ayudáramos. El solo nos daba nuestro “snow cone”.

El próximo año, mi padre dirigió otra vez, el mismo equipo de béisbol. Y lo gracioso fue que tuvimos una temporada increíble – 18 ganados y 2 perdidos. No se cómo esto pasó. Tal vez practicamos mucho más. O tal vez los chicos comenzamos a crecer y obtuvimos mayor fortaleza y destrezas. O tal vez había algo en esos “snow cones”. No se.

Por años he reflexionado mucho acerca de aquel tiempo. Realmente tengo muy buenas memorias de mi padre, y los años del béisbol son las mejores. Mi padre nunca dirigió mi equipo porque él amara el béisbol, o porque él amara liderar un grupo de niños para que ganaran, o porque él amaba los “snow cones”. El hizo todo esto porque me amaba. Yo supe eso después y lo pude entender mucho después hasta llegar a este momento.

Mi padre no era perfecto – muy lejos de serlo. Pero yo se que me amaba. Yo se que esa no es la misma experiencia de todo el mundo con su padre. Algunos tendrán buenas experiencias y otros malas.

Sin embargo, siempre recuerda que podrás tener algunas experiencias con tu padre terrenal, pero piensa que también tienes un Padre celestial quien te ama con un amor incondicional. ¡El disfruta amarte! El se delita en ti. Si estás dispuesto a aceptar todo el amor que El tiene por ti – puedes ser transformado. Nunca volverás a ser igual. Y podrás pasar ese mismo amor a otros.

¡Y este es el legado que puedes dejar!

Papá pródigo, Hijo perdonador

Papá pródigo, Hijo perdonador

Contributed by
Eduardo Morales

Mi corazón estaba palpitando. Me comencé a calentar por dentro. Esto es lo que sientes cuando sabes que el Espíritu Santo está actuando contigo, respondiéndote en ese momento específico.

“Marca pasos, ¿quién aquí necesita marcar pasos?”, el pastor retaba a todos los hombres para que pasaran al frente del altar (escenario).

Era una forma sencilla de ahogar el sonido de mi corazón. ¿Por qué tengo que hacer esto ahora Dios? ¿En este momento? ¿Delante de tantos hombres? ¡Esto me va a hacer quedar como un débil! Dios yo puedo hablar con mi padre cuando lleguemos a casa, ¡¡¡¿por qué lo tengo que hacer aquí?!!! Esto era algo que yo hablaba en mi cabeza. En aquel momento difícil un hombre fue al altar y aceptó el reto y marcó su paso.

Seis años antes yo había perdido todo, alusinaba, odiaba, tenia miedo y estaba roto. Mi padre se había ido sin mi madre, hermano y sin mí. Afortunadamente, para mí yo estaba listo para salir adelante en el colegio. Era mi forma de escapar. No podía estar en la casa, no sabía lo que iba a pasar y no sabía qué ocurriría con esta separación de mi famlia. Solo sabía una cosa, había perdido todo el respeto por mi padre. Lo trabajador, estricto, “haría todo lo que tuviera que hacer para ayudar y proveer a mi familia de lo que tuviera necesidad”, no deseaba hacer nada con él. ¿Por qué mi padre? ¿Por qué regresaste? ¿Por qué viniste aquí? Yo no deseaba realmente hacer mucho en aquel momento, pero mi respuesta fue ignorar y echar a un lado todo, y tratar de hacer lo mejor de mí para olvidar.

Yo sabía que necesitaba tomar la decisión de marcar mis pasos y perdonar a mi papá. Todos estos años yo los tenía debajo de la alfombra. Yo necesitaba escoger y ponerlos detrás de mí, para que nuestra relación fuera enmendada, sanada, restaurada. Comencé a caminar hacia adelante, gentilmente todos los hombres de la audiencia pasaron cerca del altar. No deseaba pasar, tenía que pasar.

“Allá ¿nadie más tiene necesidad de marcar pasos hoy?” dijo el pastor nuevamente.

Me puse en pie y finalmente caminé. “¿Y qué paso quieres marcar hoy?” él dijo.

En una voz muy temblorosa dije, “tengo que compartir algo con mi padre. Necesito perdonarlo”.

Se volvió a contemplar el mar de hombres que tenía al frente, el pastor dijo, “dónde él se encuentra, tráiganlo al altar…”

El no estaba en el salón. “¡En serio! Ahora voy a quedar como un tonto, ya se lo dije a Dios en mi cabeza. Ellos, literalmente, fueron a buscarlo hasta encontrarlo y yo esperando en el altar hasta que alguien, finalmente, lo encontró. Yo sabía que pude haber esperado hasta que llegara a la casa”, yo decía en mi interior.

Yo deseaba que mi padre no estuviera cerca. Busqué refugio en mis logros, mi cita con una relación a la vez, algo de drogas, alcohol y juegos. Cuando él decidió estar ausente por un tiempo en mi vida, no cambió el rol de que él era mi padre y yo su hijo. No deseaba continuar el camino de mi vida tratando esta figura fuera de mi vida. Yo deseaba esa relación. Yo necesitaba esa relación. Algunas temporadas en mi vida fueron activadas prematuramente. El rey dejó la casa, pero el príncipe tomó la posicion, una posición para la que no estaba preparado.

“¡Nosotros lo encontramos!” Alguien gritó en la parte de atrás. El caminó hasta el altar con un sentido de urgencia.

“Su hijo tiene algo que desea compartir con usted…” el pastor me dio el micrófono.

“Papá, solo quiero decirte que te amo demasiado… (mis ojos se pusieron llorosos)… Yo te pedí que vinieras aquí porque tengo que marcar este paso. Necesito perdonarte por todo lo que ha pasado en nuestro pasado. No deseo seguir siendo tu enemigo ni mantenerte en la posición de culpable por más tiempo. He decidido hoy, papá, poner estos últimos seis años detrás de mí.” En este momento sollocé. Mi padre se agarró de mí y compartimos este momento, nos unimos en un gran abrazo que nunca había recibido de él, me sentí libre, me sentí relajado. En ese momento, las ataduras de enojo, de traición y de abandono quedaron atrás. Sentí el poder de la liberación y la libertad del perdón.

Un hombre me hizo el acercamiento y me dijo lo impactante que fue ese momento para ellos. Sentí como si el Señor me hubiera enseñado que ese momento no era exclusivo para mí, sino para todos aquellos hombres que estaban en el salón, para que vieran un acto sincero de perdonar.

Nuestra relación ha cambiado drásticamene hacia lo positivo. Creo que seleccionar perdonar puede ser algo vulnerable y una cosa riesgosa, pero aprender a cómo perdornar y aplicarlo a nuestras relaciones es un acto integral. Perdonar liberta, no perdonar estrangula y entorpece. Necesitamos aprender a perdonar, como El nos ha perdonado.